Al dolor de las madres que han perdido a sus hijos
Que han muerto o desaparecido de sus propias ganas de vivir hijas de madres que las lloran
madres de hijas desaparecidas
madres despojadas de sus hijas o de su propia voluntad, al ser esclavizadas.
Hijas, hermanas, madres
Que han caído en las rejas de las adicciones, del tráfico de hu- manos
En medio de todas hay mucho dolor consumiéndonos a todos dañándonos a todos los que no las vemos
el poder de la ignominia, de la impunidad,
deja lágrimas que no fertilizan en la tierra
lágrimas que se endurecen antes de caer
piedras que no germinan, si no se enjugan con justicia.
A Las lágrimas que se han derramado y consumido sin respuesta dónde está el perdón, las disculpas, los culpables, los causantes de tal degradación de los valores..
El dolor como protagonista de un altar
es como una tenue iniciativa de sublimación,
llorar colectivamente,
llorar con los que nos entienden, escuchan y se duelen con una, con todas, con ellas,
con nosotras
como en los viejos altares de dolores donde se buscaba
distraer a la virgen de su dolor
distraerla con flores y con la incandescencia de las velas encen- didas por el dolor de todas
porque nos volvemos la misma al ser violadas la misma a quien se invade, se sangra, se llora la misma a quien se aterra y subyuga
para no ser cómplices
para unirnos a la denuncia, para dar fé de que que son delitos que no pueden quedar
en la comisión oculta, negada y disculpada por todas las instancias de la sociedad.
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