De como la historia se muerde la cola.

JANET BATET

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

La obra de Betsabée Romero (México D.F., 1963) constituye una revisitación de esa travesía que es la condición humana. Utilizando la rueda y el automóvil como leitmotiv de ese periplo que es en definitiva la historia, Betsabée abre un sin número de interrogantes en torno a cultura tradicional y contemporánea, alta y baja cultura, problemáticas de género, globalización, condición migratoria y límites geográficos.

 

Urban Ouroboros es el título de la más reciente exposición de Betsabée Romero, abierta ahora al público en la galería Juan Ruiz, en el Wynwood Disrict. Derivado de los términos griegos “oura” (cola) y “boros” (comer), “Ouroboros” significa “devorador de cola”. La presencia de la seductora y enigmática imagen de la serpiente o dragón que se muerde la cola está presente en la cultura humana desde la Antigüedad, apuntando su anillada figura a los preceptos de ciclo y renovación, perfección, energía y movimiento continuo.

 

En el caso de la propuesta de Betsabée Romero, el ouroboros implica, en primera instancia, la noción de reciclaje y conservación. La primera obra donde la artista hizo uso del automóvil fue Ayate Car, una instalación in situ para la bienal binacional INSITE 97, en Tijuana. Atraída por los numerosos junk yards del área, que suele ser materia prima para la construcción de viviendas baratas en la periferia de la ciudad, la rueda renunciaba a su condición errante para convertirse en expresión de una cultura sedentaria emergente, donde el carro se convierte en una suerte de tótem o altar. La instalación, a su vez, hacía referencia al extendido fenómeno cultural del lowriding, cuyo origen está directamente asociado a los pachucos y la cultura Méxicoamericana de los años 1940.

 

Betsabée decora los carros, gomas, espejos y guardafangos a partir de elementos de la cultura popular mexicana, incorporando motivos de glifos aztecas, textiles indígenas, papeles recortados y fiestas populares. La apropiación conlleva a una revisión de la noción occidental de historia en tanto progreso lineal y ascendente, erigiéndose la rueda en símbolo de una estirpe trashumante que no va a ningún sitio. Tras el auto, además, subyace un importante comentario acerca de la división de géneros. Masculino por excelencia, el auto es intervenido, decorado hasta la saciedad y para ello Betsabée se apropia de la vastísima tradición popular mexicana históricamente relegada a la mujer.

 

Banderas atropelladas (2010), es una de las instalaciones centrales incluidas en Urban Ouroboros. Sobre el suelo, se despliegan de modo radial varias banderas mexicanas sobre las que descansa una llanta de montacargas tallada con motivos precolombinos. La huella de la llanta, impresa una y otra vez sobre las banderas, abre un interrogante en torno a nociones de nación, espacios culturales y cultura global.

 

Los cauchos de Betsabée devienen cuños circulares que, en su trayectoria desenfrenada y muchas veces errática, van dejando huellas de identidad como reclamos certeros. En medio del signo de la movilidad y la velocidad que parece obsesionar al mundo contemporáneo, la memoria aparece como único asidero. De ahí la necesidad compulsiva de personalizar hasta la saciedad el objeto industrial, convirtiéndolo en una suerte de amuleto del yo.

 

Su serie Códices masticados (2008), se compone de gomas talladas cuyas incisiones, cubiertas con coloridas goma de mascar, recrean estelas precolombinas. Usado en ambos (neumático y goma de mascar), el caucho –identificado con una vasta gama de productos de la industria moderna– es uno de los recursos más explotados por los pueblos mesoamericanos desde mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos. Su nombre original en lengua quechua (Kauchuk) significa “árbol que llora”. Con el descubrimiento de la vulcanización del caucho hacia fines del siglo XIX, se abre un nuevo capítulo de intercambio desigual entre norte y sur a través de lo que se ha dado por llamar la “fiebre del oro blanco”. Los Códices masticados de Betsabé hacen referencia al consumismo exacerbado, la polución y el intercambio desigual.

 

El auto para Betsabée es encarnación y extensión del individuo. En sus series más recientes Reflejos de una mirada de piedra I y Reflejo de una mirada de piedra 2 (ambas de 2012), así como en Espejos de Malinalco (2013), la artista se apropia de los espejos cóncavos, obligando al espectador a aproximarse al espejo a fin de descubrirse en medio de los motivos prehispánicos.

 

En Ojibas de la memoria (2010) y Homenaje a Chucho Reyes (2013), Betsabée se entrega a la identidad y los cruces culturales. Apoyada en la extendida tradición del papel recortado mexicano caprichosamente realizado en papel de China, la artista, genera un interesante contrapunto entre original, cultura de procedencia y tradición.• 

 

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones, galerías y museos.

 

‘Urban Ouroboros’ de Betsabé Romero en Juan Ruiz Gallery, 301 NW 28 St., Miami, Florida 33127. (786) 310-7490. Hasta el primero de febrero.

 

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Tomado de El nuevo Heraldo 

© Betsabeé Romero