Iluminemos juntos nuestros duelos

Museo Kaluz, Ciudad de México, México
Octubre 2020

Los altares y las ofrendas en la celebración del Día de Muertos, forman parte de una tradición muy arraigada en la sociedad mexicana y resurgen cada año con mayor vitalidad gracias a la creatividad de talentosos artistas y artesanos mexicanos. Reúnen al individuo, la familia y la comunidad en un momento solemne de reencuentro con los difuntos, reafirmando lazos inquebrantables con los o las que se nos han adelantado al más allá. En este año marcado por la pandemia del Covid 19 y el confinamiento, muchos seres queridos han fallecido víctimas de esta enfermedad o de otras causas mortales. En este contexto, muchos duelos quedaron inconclusos, dolorosos y difíciles de llevar. Ante las circunstancias restrictivas impuestas por el respeto de las instrucciones sanitarias, fue oportuno recurrir a las expresiones culturales que nos congregan y nos iluminan, para asumir nuestra realidad y luchar por un mejor futuro. 

Por este motivo, Betsabée Romero- artista mexicana internacionalmente reconocida por sus instalaciones sobre el tema que han trascendido nuestras fronteras exponiéndose en importantes museos del mundo-ha sido invitada para intervenir el patio del museo con esta ofrenda titulada “Iluminemos juntos nuestros duelos”. Queremos ofrecer a nuestro público la oportunidad de sumarse a este rito colectivo para celebrar y rendir tributo a los difuntos del año. Fomentar entre nosotros, la importancia de preservar el sentido de lo colectivo y cultural en esta nueva etapa.

El elemento protagónico de esta ofrenda monumental es un candil central de cuya estructura floral emanan el color y la luz como un vientre del que nacen las flores, la vitalidad y la generosidad de la celebración. Es también una gran fuente de luz desde donde surgen lazos que nos guían hacia los siete altares que rodean el patio.
Ningún elemento de esta ofrenda esta puesto al azar, todos revisten una simbología muy compleja que se apega a una cosmovisión ancestral que trasciende el tiempo y el espacio. A partir de conceptos duales o complementarios, la artista elabora un discurso iconográfico elocuente que abraza nuestra existencia  y los vínculos que celebramos con los difuntos. Múltiples lecturas se desprenden de los elementos de esta ofrenda. Si bien la instalación ocupa todo el patio, los altares conservan una escala humana como la que encontramos en nuestras casas y cementerios. El duelo abarca la pérdida de parientes, amigos y figuras públicas de la cultura, la ciencia y otras áreas del conocimiento que contribuyeron al desarrollo de nuestra sociedad.

Además de las fotografías de cada difunto del año y de los elementos que los reconfortan en su camino al Mictlán, en todos los altares se colocó una ambulancia símbolo de gratitud al personal de salud que ha fallecido salvando la vida de los demás. Todas las víctimas de alguna injusticia, violencia u otro padecimiento mortal encuentran cabida en esta ofrenda. Es como una constelación que une el cielo, la tierra y el inframundo, nos congrega para sanar heridas y encontrarnos de nuevo, para renacer más fuertes e unidos para vislumbrar un mejor futuro para todos.

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Concepto

 
 

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